La barbarie propuesta por Almirante Brown
 
   
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Crónica de otra barbarie.

El hincha de Estudiantes, esperaba la final con muchísima expectativa. Preparó sus banderas, cortó sus papelitos, planchó su camiseta y no durmió en toda la noche del viernes pensando una y otra vez en que la final estaba ahí, podía ya palparla. La posibilidad del ansiado ascenso a la B nacional era un hecho y en Caseros, Devoto y toda la zona oeste se podía sentir la tensa calma que precede a la tormenta. Lamentáblemente la tormenta esta vez no fue de gritos y emoción y terminó siendo un monólogo de violencia recitado solo por un actor, el público de Almirante Brown.

La barbarie y el descontrol de estos ‘hinchas' lograron que la final se convirtiese en una auténtica zona de guerra. La barbarie y el descontrol de estos ‘hinchas' arruinaron otra fiesta del fútbol.

La llegada del plantel.

Ilusionados los jugadores de Estudiantes habían ocupado el micro que los llevaría al cilindro de Avellaneda blandiendo sus banderas al más fiel estilo futbolero. Se dedicaron a cantar durante todo el viaje, claro, no sabían lo que les esperaba.

Al llegar al estadio de Racing Club, el plantel intentó ingresar al estadio por el sector visitante tal y como se había planeado con anterioridad. Los efectivos policiales, como siempre caracterizados por su celeridad, le indicaron al plantel que deberían hacer su entrada al estadio por el sector local (ocupado por los hinchas de Almirante Brown). El equipo del ‘pincha' accedió aunque con la sospecha de que algo podía suceder y lamentáblemente sucedió. Cuando estaban llegando al sector local por la calle Belgrano y Salta, unos 500 hinchas de Almirante Brown atacaron salvájemente el micro que trasladaba al plantel rompiendo vidrios y las puertas del colectivo. Una treintena de ellos intentaron subir al micro a agredir a los jugadores que ya entre vidrios rotos, en el suelo del micro, solo pensaban en salir de ahí vivos. El plantel se defendió de la cobarde, brutal, salvaje, incivilizada agresión como pudo. Integrantes del cuerpo técnico terminaron con cortes y golpes y varios jugadores resultaron con alguna contusión, faltó poco para que los ‘mirasoles' robaran las pertenencias de los jugadores pero no lograron su cometido ya que el portón de uno de los baúles del micro resistió más de la cuenta (algunas versiones indican que habrian robado varios bolsos). Pero seamos positivos, por lo menos no hubo muertos.

Esta era la final que proponía la organización del Club Almirante Brown y de su ‘hinchada' una final teñida de violencia y locura.
 
La llegada de los hinchas de Estudiantes.

Teñida de inconvenientes fue también la llegada de la parcialidad ‘pincha' al estadio de Racing Club de Avellaneda. ‘Gracias' a que la ‘hinchada' de Almirante Brown se encontraba en el sector visitante (cuando ellos eran locales) del estadio causando disturbios, la caravana de hinchas de Estudiantes que habían viajado al cilindro en 25 micros, traffics, camionetas y autos, se vio detenida a 30 cuadras de la cancha a la espera de que los ‘hinchas' de Almirante Brown accedieran a abandonar el sector visitante que habían ocupado mientras peleaban con la policía. La gente de Estudiantes arribó tarde a la cancha y recién con el partido comenzado terminaban de llegar al estadio los hinchas que habían sido demorados en pos de evitar una batahola peor.

Los hinchas demorados gracias a que la 'hinchada' de Almirante Brown hacia destrozos en el sector visitante. El partido comenzó 30 minutos tarde.
 
El cobarde ataque a ‘cubito' Cáceres.

Evidentemente, a los hinchas de Almirante Brown y a la organización de la final por parte de la dirigencia de los de Casanova no les bastó con atacar cobardemente a los jugadores del club ni con demorar a los hinchas de Estudiantes para que no presenciaran la final. La violencia desde su punto de vista debía continuar y tristemente continuó.

El arbitro Diego Abal, en el minuto 13 de juego sanciona un penal a favor de Almirante Brown (penal que vale aclarar, no existió). En ese preciso momento, una bomba cayó a centímetros del arquero de Estudiantes, Walter Cáceres, que resultó con una severa conmoción y obviamente no pudo continuar jugando. ‘Cubito' fue sacado de la cancha y ya en el vestuario estaba mareado y vomitando constantemente. Viendo el panorama, fue rápidamente derivado al Hospital Fiorito de Avellaneda donde en estos momentos están realizándole estudios para determinar como se encuentra su estado de salud.
Walter Cáceres, actualmente en el Hospital Fiorito, tuvo que ser derivado luego de vomitar varias veces en el vestuario.
¿No les alcanza con eso? Destruyamos el estadio Juan Domingo Perón.

Al ver que el árbitro suspendía el partido luego de la brutal agresión al arquero ‘pincha' la gente de Almirante Brown se dedicó a destruir las instalaciones del hermoso estadio de Racing Club de Avellaneda y a, de paso, tener una feroz pelea entre las fracciones de su ‘hinchada'. Durante casi 25 minutos se tiraron con todo lo que tenían al alcance de sus manos. Sillas, bancos, piedras, azulejos y ni siquiera el puesto de comidas se salvó y también cayó desde la bandeja superior. La tarde que podría haber sido una verdadera fiesta del deporte se convirtió en un campo de batalla donde no hubo ganador. Ni siquiera los jugadores de Estudiantes, esperanzados con conseguir el título pudieron estar al margen de la agresión que propuso la organización y la hinchada del Club Almirante Brown.

Lamentablemente, siguen matando al fútbol, siguen quitándole la ilusión al hincha que se levantó temprano para ir a alentar a su club. Los simpatizantes de Estudiantes tuvieron un comportamiento ejemplar, evitaron provocaciones y estuvieron a la altura de un verdadero campeón. Los jugadores soportaron el ataque de medio millar de ‘hinchas' de Almirante Brown pero de todas maneras entraron a la cancha con contusiones y con lo que dejó lo que para esos enfermos era una ‘guerra'. Entraron a la cancha a jugar el partido y así poder conseguir ese preciado ascenso a la B nacional, mientras preocupados, desesperados, los familiares de algunos de los muchachos solo querían saber que estaban bien. Sanos y salvos.

Por más incivilizada que sea la hinchada contraria, nadie le va a sacar la ilusión a estos 11 muchachos de salir campeones.

La policía no pudo contener a varios centenares de hinchas que invadieron la tribuna cabecera superior local (arriba del grueso de la gente de Casanova) y literalmente se dieran con todo destruyendo parte del estadio Juan Domingo Perón.

 

Javier

SoyCaseros

 

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