VICTOR TOSAR (Nota extraída de la revista Minuto Cero)
Víctor Tosar tiene 70 años (nació el 31 de enero de 1931 en la capital) y siempre vivió en Devoto (desde su infancia en F. Cúneo al 2500 y, desde hace algunos años, en Wagner, cerca de Lope de Vega y Cesar Diaz).
Don Victor fue al viejo colegio de la calle Calderon de la Barca y ya desde muy pibe conoció a Estudiantes: lo mandaban a la sede a hacer gimnasia...
"me hice socio en el año 1944; y desde muy joven empecé a colaborar en el club, haciendo cualquier cosa: desde salir a pintar paredes o pegar carteles anunciando los bailes, haciendo arreglos en la sede... Y en 1946 me puse por primera vez la camiseta blanca y negra: jugué en la sexta, junto a Tonino, entre otros amigos. Recuerdo que el delegado era el gallego Pereira... Dos años mas tarde, me di el lujo de debutar en la primera, en un partido con Tiro Federal de Rosario. En 1950 salí campeón con la cuarta."
Tosar recuerda que "antes había que hacer de todo: hasta llegué a atender el guardarropas en las noches que el club organizaba los bailes. Después que abandoné el fútbol, me dediqué a colaborar como aguatero y mas tarde como utilero".
Don Víctor no lo cuenta, pero una de las paredes del cuarto (un verdadero museo) donde guarda fotos, diarios, banderines y otros recuerdos de su Estudiantes, así lo demuestra: un papel amarillento enmarcado y colgado contra la pared dice: "Al señor Víctor Tosar, el Club Atlético Estudiantes lo invita para el acto donde se le entregara una medalla como agradecimiento por su esfuerzo en la defensa de los intereses de la entidad". La nota está fechada el 30 de mayo de 1951 y está firmada por el escribano José Valenti, presidente de Estudiantes. Tosar tenía que veinte años y solo 7 como socio...
"Desde 1950 trabajé en los tribunales, en la Corte Suprema de la Nación. Antes de conseguir ese trabajo, mi papá me había conseguido otro; pero el día de la entrevista justo jugaba Estudiantes... Estaba en la antesala con mi padre , le dije que tenía que ir al baño y me escape en taxi a la cancha. El hombre que me iba a dar el trabajo era un alto funcionario del gobierno, y yo lo dejé plantado..."
Despues , el escribano Valenti y otros directivos me aconsejaron que me buscara una ocupación, de lo contrario me echaban de Estudiantes. Es que me la pasaba todo el día en el club..."
"En el 63, hacia poco hacia poco tiempo que Estudiantes tenía la cancha en Caseros, y me dijeron, "Tosar quedate en la puerta y no dejes pasar a nadie". Así empecé a controlar el ingreso a los vestuarios"
"¿ Si Estudiantes me dio amarguras? No... apenas algunas peleas y muchas ¨canas¨que me ligué por agarrarme a trompadas, como en el año 1952. Estudiantes jugaba con Colegiales en Munro. Yo entraba a la cancha como aguatero del equipo. A los 2 minutos de empezado el partido, Carmelo Bigliotti, centrodelantero de Estudiantes, convierte un gol que el arbitro anula. A los diez Colegiales convierte un gol que era orsai para todo el mundo menos para el arbitro que lo convalidó. Entré a la cancha y me agarre a trompadas con el referí ... Los jugadores nos sapararon, y entre Bigliotti (quien luego sería transferido a Francia) y nuestro arquero, Lisa, me sacaron de la cancha. La policía me quería llevar detenido, y les pedí que me dejaran solo en el vestuario para bañarme. Cerré la puerta y me escapé por una ventanita. Corrí mucho, no sé cuantas cuadras, hasta que se me cruzó un automóvil. Dios me ayudó: en el coche estaba un viejo socio de Estudiantes, el señor Laje, que estaba buscando la cancha. Me subí al auto y me salvé ".
Tosar es un agradecido del club: "yo le debo mucho a Estudiantes; salí de la calle para meterme en el club y siempre digo que me voy a ir de Estudiantes el día que me muera. Conocí a mucha gente buena que me fue guiando en la vida: Agustín Irigaray, el gallego Pereira, Peña, Tonino, Riolfo, Boratti, Don Romulo Macci, el escribano Valenti y muchos más. Si en tribunales donde trabajé casi toda mi vida, nadie conocía mi apellido, solo me decían Estudiantes... Para mi la alegría mas grande la tengo cada sábado que gana Estudiantes; y el domingo a la mañana cuando me levanto temprano para ir a comprar el diario".
Para terminar, Don Victor Tosar dice una frase increíble, que expresa su sentimiento ilimitado hacia el club: "yo creo en la reencarnación; y ojalá que cuando me muera, pueda reencarnarme en un pedazo de tribuna de la cancha, así puedo mirar los partidos de Estudiantes".
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DIARIO CLARIN
Jueves 13 de agosto de 1998
LA OTRA MIRADA: VICTOR TOSAR CREO UN VERDADERO MUSEO DEL CLUB ATLETICO ESTUDIANTES, QUE CUMPLE 100 AÑOS
Tiene 67 años, cuida los vestuarios y es un gran historiador de Estudiantes de Buenos Aires. Convirtió su casa en un reservorio de fotos, estadísticas y talismanes del equipo centenario.
E n una cortada cualquiera de Villa Luro hay un santuario. Una casa de cinco ambientes colmada de fotos y talismanes que abarcan el siglo que Estudiantes de Buenos Aires cumplirá el sábado. Carnés ilustres, entradas prehistóricas, anuncios amarillentos de veladas de box y milongas, de carnavales disfrutados y olvidados hace décadas. Cordilleras de estadísticas y 266 cuadros: acá los equipos abundantes en rayas al medio, bigotes morsa y miradas altivas de principios de siglo; allá los redentores setentistas, de pelo largo y patillas, arrodillados ante el milagro de llegar a Primera División.
Cercado de emblemas, un cartelito anuncia ampulosamente: "Colección Víctor Tosar". Y Víctor Tosar, de 67 años, los últimos 30 cuidando los vestuarios del club, está detrás, explicando que no vive allí sino a media cuadra. Poner en alquiler esa casa-museo robustecería su economía (es jubilado de Tribunales, donde trabajaba en la sección Pintura), pero dónde ubicar los símbolos de toda una vida consagrada al club ("que se llama Estudiantes, a secas, y no de Buenos Aires"), de años recorriendo redacciones, archivos y hasta colegios.
"Estuve en el Nacional de Buenos Aires y pedí las listas de 1898, en busca de los alumnos que decidieron armar un equipo a fines del siglo pasado y le dieron origen a Estudiantes", explica Tosar, antes de que un amigo le diagnosticara locura y su mujer, Elsa, se alarme "porque la presión le sube a 21 por la tensión del centenario". Pero él, ya mucho más allá de la ciencia, abre un maletín del que saca trozos de mampostería, un bulón, una plaqueta y una bocha. "Este pedazo de chapa -dice, esgrimiéndola como si fuera un trozo del Muro de Berlín- fue parte del salón de baile. Por allí pasaron Marino, DArienzo, DAgostino, Caló, Troilo y Alberto Castillo, El corazón que canta".
Cada centímetro del club perdura, tal como fue, en la memoria de Tosar. Y él opina que antes Estudiantes era mejor en lo social, con más deportes federados. "Pero ahora es mejor en la parte futbolística. El estadio es muy lindo, con excelentes vestuarios nuevos. Antes todo era más precario. La cabina para las radios, por ejemplo, era de madera. Y cada vez que soplaba un viento fuerte, se desplomaba sobre la platea ".
Y allí estaba él, ayudando a recontruirla, juntando la ropa de los jugadores, trabajando de camillero o de contacto con la gente de arriba. Como en los setenta, cuando caminó desde Villa Luro hasta Santos Lugares en busca del agua bendita de la Iglesia de Lourdes, para esparcirla por el estadio de Caseros. "Pero usted sabe que el ambiente del fútbol es algo pesado y me orinaron esa botella en el vestuario", se queja.
Sigmund Freud escribió algunas cosas sobre los que fracasan al triunfar. Y, aunque los hombres del Nacional B no se aferran en general a la teoría psiconalítica, Tosar padeció ese postulado en carne propia. "El sábado 5 de noviembre de 1977, cuando nos jugábamos el ascenso a Primera contra Villa Dálmine, no pude contener los nervios y decidí faltar a la cancha. Escuché el partido por la radio, en la sede, pero tuve que tomar muchos calmantes y alguna copita. Después, durante los festejos, estaba como perdido. Quise descolgar una bandera por miedo a que la robaran. Pero me caí y me rompí las dos piernas. Estuve meses en la cama. Hasta que un día me pasaron a buscar unos amigos, me subieron a una camioneta y me llevaron con las muletas a ver Boca-Estudiantes. Un día histórico , empatamos cero a cero." Aún hoy siente dolores, debe tomar "las pastillitas para los nervios durante los partidos". Disfruta más su rol de historiador que de hincha. "Mire a Héctor Muschietti, El hombre sin nervios, arquero de 1923; a Paddy Mac Carthy, marinero, boxeador, jugador de rugby y una de las primeras figuras de Estudiantes; a Max Susan, autor de 12 goles el día en que le ganamos 18 a 0 a Lomas Athletic".
Después se queda solo, uniendo fragmentos de la historia centenaria de Estudiantes, en su santuario de Villa Luro.
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